Dos principios que apoyan la resolución de los conflictos
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Si has estado practicando Diálogo Consciente y Compasivo (DCC) o Comunicación NoViolenta (CNV), sabes que se trata de una conciencia y un conjunto de destrezas radicalmente honestas y responsables. Cuando ambas partes en un conflicto pueden mantenerse ancladas en esta conciencia y utilizar sus destrezas, los conflictos se resuelven fácilmente tan pronto se establece la conexión.
Desafortunadamente, es muy probable que te encuentres en conflicto con alguien que no tiene experiencia con estas herramientas, sino que opera desde enfoques menos beneficiosos para resolver conflictos. Dichos acercamientos pueden incluir: culpar a las otras personas, centrarse en pensamientos y opiniones, ganar o perder, implementar el castigo como forma de rendir cuentas y evaluar la validez de las necesidades de cada persona. Estos enfoques trágicos para resolver conflictos suelen ser muy habituales y pueden fácilmente descarrilar los intentos de conexión y resolución. Los intercambios pueden escalar rápidamente hasta convertirse en ataques, defensas, sumisiones o apagamientos de la vitalidad. Esto puede dejarte una sensación de exasperación porque anhelas que se vea tu intención, se escuche tu experiencia, se cuide la conexión y se logre encontrar una nueva forma de avanzar.
Por lo tanto, incluso cuando tú tienes una base sólida en la conciencia y las habilidades que compartimos en DCC o CNV, la otra persona puede seguir atrapada en hábitos de ataque, defensa, sumisión o apagamiento, lo cual puede incluso representar para ti la tentación de volver a esos mismos modos de relacionamiento. Interrumpir hábitos trágicos como éstos es algo que requiere que comiences antes del diálogo sobre el conflicto propiamente dicho.
A largo plazo, cada interacción que tienes con alguien tiene el potencial de contribuir a la seguridad y la confianza, lo que a su vez favorece el mantenimiento de una mayor conexión a la hora de resolver conflictos. A corto plazo, enfocarte en tu intención y comunicarla, junto con la elección de condiciones de apoyo, son dos fundamentos que favorecen la resolución de conflictos. Veamos ambos en más detalle.
Tu intención
Dado que es probable que también tengas condicionamientos en torno a estrategias trágicas para resolver conflictos, es esencial que verifiques tu intención antes de iniciar un diálogo que pueda resultar difícil. En DCC o CNV, la intención es siempre conectar, ya sea solo contigo o contigo y con la otra persona. La conexión es la base desde la que fluyen el cuidado y la creatividad.
Pregúntate si realmente deseas conectar con la otra persona y escuchar sus sentimientos y necesidades universales. Si la respuesta es “no”, significa que aún hay reactividad en ti o que no tienes confianza en que puedes atender tus propias necesidades en el diálogo. Reserva tiempo para la autoempatía o para recibir empatía de otra persona por fuera de la situación. Disolver la reactividad requiere fundamentalmente la voluntad y la capacidad de aceptar el dolor, el miedo y/o el sufrimiento que sientes en la situación actual, así como la confianza en que tú puedes cuidar aquello que es importante para ti.
Condiciones apoyantes
Es obvio, pero fácil de olvidar, cuán importante es tener conversaciones desafiantes sólo cuando ambas personas cuentan con recursos básicos como descanso, comida, paz y comodidad. En ese sentido es fundamental elegir un momento en el que ambas personas estén descansadas, hayan comido y se sientan tranquilas.
En segundo lugar, si se puede crear una pequeña conexión antes de iniciar el diálogo, esto ayudará a ambas partes a pasar de una posible percepción de amenaza a una sensación de seguridad. Busca oportunidades para conectar en torno a pequeñas cosas. Este es el propósito de charlar sobre temas cotidianos como el clima. Se crea una pequeña sintonía y se ofrece una sensación de cordialidad.
Cuando notes que ya tienes disposición para iniciar el diálogo, comienza por expresar tu intención y asegurarle a la otra persona que te importan sus sentimientos y necesidades, y que deseas encontrar una solución que satisfaga a ambas partes. También puedes decirle que una de las cosas que quieres hacer para mantener la conexión es repetir lo que has escuchado y también pedirle a la otra persona que haga lo mismo (abriendo la puerta a que se ofrezcan reflejos de contenido con fluidez y así se aseguren de estar en la misma página).
A lo largo del proceso de preparación y comienzo de un diálogo desafiante, es importante mantener la distinción entre hacer todo lo posible para crear condiciones favorables y gestionar la reactividad de otra persona. El objetivo de tus esfuerzos es cuidar de ti, de tu intención, palabras y comportamiento, y del espacio; la forma en la que responde la otra persona a tus esfuerzos está fuera de tu control. Lo que está bajo tu responsabilidad es mantenerte fiel a tu intención, compartirla y apoyar que existan condiciones favorables para comenzar el diálogo. Si te aferras a la idea de «necesito encontrar un modo de expresarme que no estimule a la otra persona», acabarás por agotarte y resentirte. No eres responsable de la reactividad de las otras personas. Depende de ellas obtener el apoyo que necesitan para poder actuar de una manera empática y equilibrada. En caso de que surja reactividad durante el diálogo, es importante que tengas la preparación para responder de la mejor manera; para ello puedes leer esta otra joya sobre el tema.
PRÁCTICA
Tómate un momento ahora para reflexionar sobre una conversación desafiante que has estado queriendo tener con alguien más. Analiza tu intención y tu necesidad de empatía antes de iniciar ese diálogo.