Diferencia entre autolástima y autoempatía
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Sabes que es importante ser amable contigo. En términos generales, estás de acuerdo con esto. Pero cuando se trata de ir al detalle, puede que te cueste distinguir entre tenerte lástima y autoempatía.
A veces, esta confusión es provocada por un crítico interno. Al momento de dirigir amabilidad hacia tu propia persona, tu voz interior crítica puede intentar mantener tu foco en cuidar de las demás personas, diciéndote que si te das atención eres egoísta, autoindulgente o que estás teniéndote lástima. Otras veces, la confusión surge cuando percibes esas mismas críticas de tu entorno o escuchas las expectativas de otra persona y pierdes la conexión con tu elección. O puede que haya momentos en los que te encuentres oscilando entre la autolástima y la autoempatía.
Independientemente del origen de la confusión, centrarte en algunas distinciones básicas puede ayudarte a avanzar hacia la verdadera autoempatía.
Comencemos con una definición y descripción de la autolástima. La autolástima es un estado reactivo, es decir, no es algo que se elige, sino un hábito por el que llevas la atención hacia el propio dolor, la tristeza y las dificultades sin ningún propósito o intención en particular. Un estado reactivo es una especie de trance en el que se pierde el acceso a la atención plena, una perspectiva amplia, la capacidad de distinguir las observaciones de las interpretaciones y el sentido de la agencia o agenciamiento*. Los estados reactivos agudos también incluyen activación del sistema límbico. Esto suele significar que hay una avalancha de emociones o un apagamiento emocional completo.
En la autoempatía, tu atención también puede centrarse en tu propio dolor, tristeza y dificultades, pero de una manera completamente diferente. La autoempatía se distingue de la autolástima en los siguientes aspectos:
En la autoempatía:
Comienzas por anclarte** en una perspectiva sólida y expansiva.
Eliges prestar atención consciente a tus dificultades.
La elección de enfocarte en tus dificultades va acompañada de una intención y un propósito claros. Por ejemplo: para ganar claridad, para sanar, para encontrar una acción sabia, para liberarte de viejos hábitos, para experimentar alivio, para estar más disponible para las otras personas, etc.
Terminas cada sesión con alguna acción nueva o compromiso de acción, independientemente de lo simple o pequeña que sea esa acción.
Quizás la forma más obvia de discernir la diferencia entre la autolástima y la autoempatía sea por el resultado. Cuando te sumerges en la autolástima, te sientes peor como resultado. Al sentirte peor, es probable que recurras a adicciones o distracciones (pantallas, tareas sin importancia, etc.) para aliviarte.
Cuando practicas la autoempatía, te sientes mejor como resultado. Al sentirte mejor, es probable que te vuelvas hacia las nuevas necesidades que están vivas para ti en ese momento. Eres libre de vivir la vida de una manera auténtica que se alinea con tus valores.
PRÁCTICA
Tómate un momento ahora para reflexionar sobre una ocasión en la que no tienes seguridad acerca de si sentías autolástima o si estabas practicando autoempatía. Utiliza los puntos anteriores para ayudarte a discernir lo que estaba sucediendo.
La próxima vez que te des cuenta que estás con pensamientos repetitivos en torno a algún acontecimiento que de algún modo te afectó, toma una pausa y respira. Identifica si hay alguna intención propositiva detrás de esa serie de pensamientos. Si notas que lo estás haciendo por hábito o de manera automática puedes elegir conscientemente ofrecerte un momento de autoempatía. Puedes encontrar una guía detallada sobre el proceso de autoempatía aquí.
*Agencia o agenciamiento: Capacidad para movilizar recursos externos e internos para atender necesidades en armonía con la vida y las demás personas, caracterizada por una sensación de resonancia y vitalidad.
**Haz clic aquí para conocer más sobre las anclas y la autoempatía.