Disolución de la ira crónica o resentimiento
Esta Joya de Conexión está disponible en formato audio
Sin duda, habrás visto a alguien sentir ira y guardar resentimiento por un acontecimiento concreto durante diez, veinte años, e incluso toda la vida. El costo de guardar ese rencor, tanto a nivel personal como interpersonal, es demasiado alto como para detallarlo aquí. Podría considerarse una estrategia trágica para intentar proteger ciertas necesidades y distanciarse del dolor, el sufrimiento y el miedo. Las necesidades universales que se esconden tras el rencor pueden incluir: seguridad, sanación, ser vist@, escucha, comprensión, reconocimiento, aceptación y amor.
Cuando puedes permanecer presente ante una emoción y dejarla fluir, ésta tiende a durar poco más de un minuto y luego se disipa, dejando espacio para la siguiente capa de experiencia. Por lo tanto, para seguir sintiendo enfado hacia alguien durante un periodo de tiempo prolongado, tu mente tiene que trabajar muy duro. En primer lugar, tu mente tal vez reúna una serie de cualidades negativas seleccionadas de la persona en cuestión y cree una imagen de enemigo en tu cabeza. A continuación, probablemente revises continuamente los acontecimientos negativos que confirman la validez de tu creación mental, ya sea internamente o en voz alta. Luego, puede que te encuentres ensayando argumentos en los que se demuestre cuánta razón tienes y cuán equivocada está la otra persona. A lo largo de este proceso, también se van ajustando inconscientemente los hechos de lo sucedido con esa persona, remodelando la memoria para defender tu «ira justificada».
La ira crónica es quizás más común entre miembros de una misma familia. Partiendo de lo que ha generado dolor en las relaciones con madre y padre, herman@s, abuel@s, etc., se crea con el tiempo una imagen caricaturesca y rígida de esas personas. Luego, y sobre todo cuando ves a determinados miembros de la familia con poca frecuencia, continúas manteniendo tu idea de “quiénes son”, identificando comportamientos que confirman tus juicios y, por lo tanto, alimentando ese enojo.
Como se mencionó anteriormente, alimentar el enfado es una estrategia de afrontamiento que podría estar intentando protegerte de ciertos sentimientos y cuidar ciertas necesidades. Como tal, a menudo es una parte importante de un proceso de sanación más amplio. El enojo es una señal de que estás valorando y reconociendo necesidades insatisfechas, y que quieres luchar por ellas. Puede proporcionarte el impulso inicial para establecer límites y hacer peticiones. Por supuesto, cuanto más influidas estén estas acciones por la ira, menos hábiles serán y por lo tanto más costosas y menos eficaces.
Aunque pueda parecer que la ira te protege, en realidad es tu capacidad para expresar tus necesidades, respetar toda tu gama de sentimientos y actuar en función de tus necesidades lo que te mantiene saludable y a salvo. Tomar conciencia de tu ira y explorar lo que hay debajo de ella con apoyo compasivo y habilidad te abre las puertas a un mundo de nuevas estrategias útiles para satisfacer tus necesidades sin desatender muchas otras.
Disolver la ira crónica suele comenzar por tener la capacidad de ofrecerte empatía o recibir empatía de otra persona por el dolor que experimentaste y las necesidades insatisfechas. Para la autoempatía, comienza por observar dónde reside la ira en tu cuerpo, fíjate en las sensaciones exactas. Fíjate en la forma, el color, la textura y la temperatura de la ira. Obsérvala sin resistencia. Podrías decirte: «Siento ira y puedo estar con eso».
Estar en contacto con tu cuerpo es clave en el proceso natural de disolver la ira. Los siguientes pasos son identificar y permitirse sentir los sentimientos subyacentes (recomendamos usar la lista de sentimientos), hacer el duelo* y validar las necesidades no satisfechas. Por lo general, este es un proceso largo. Con el tiempo, al establecer una nueva conexión con estas necesidades, comenzarás a explorar formas creativas de satisfacerlas.
Cuando hayas tomado el tiempo de empatizar con tu experiencia y se haya abierto algo en ti, con mayor conexión y autoconfianza descubrirás que tienes más espacio para sentir compasión por la persona hacia la que has sentido ira durante tanto tiempo. Puedes empezar por adoptar una visión más amplia de esa persona. Quizás recuerdes algunos datos básicos de su vida, como dónde creció, cómo la trataban en su infancia su familia y sus pares, en qué se destacaba o qué le gustaba hacer en su infancia, a qué retos se enfrentó y qué es lo que respetas o admiras de ella. Puedes seguir haciéndote este tipo de preguntas mientras repasas cada etapa de su vida hasta que sientas que tu actitud hacia esa persona se suaviza.
También podrías encontrar una perspectiva más amplia de la situación estimulante original. ¿Te aportó la situación algún regalo inesperado a pesar de todas las necesidades insatisfechas? Quizás te permitió aprender algo sobre tu persona. Quizás te impulsó a pedir ayuda o a conectar con alguien que desde entonces ha contribuido de manera significativa a tu vida. O quizás cambió tu trayectoria profesional o personal de una manera por la que experimentas gratitud.
Disolver la ira crónica es increíblemente sanador a nivel emocional, espiritual y físico. Con este proceso, sentirás liberación y alivio, y te conectarás más fácilmente con la alegría de la vida.
PRÁCTICA
Tómate un momento ahora y fíjate si hay alguien hacia quien sientes ira después de varias semanas, meses o años.
Pregúntate si esa ira quiere ser escuchada. Si es así, establece un lugar y un momento para la autoempatía o para recibir empatía de otra persona, tomando en cuenta los pasos mencionados más arriba.
*En la práctica del Diálogo Consciente y Compasivo y de la Comunicación NoViolenta, “hacer duelo” se refiere a aceptar situaciones de la vida o interacciones que no resultaron como hubiéramos querido y que no atendieron necesidades universales. Consulta aquí estrategias para hacer duelo.