Tres claves para acceder a la capacidad de pedir una pausa
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En cualquier interacción, una conversación conectada puede dar un giro repentino hacia la desconexión y la reactividad. De repente, te encuentras discutiendo, defendiéndote o intentando convencer a la otra persona de que tienes razón. Pedir una pausa en una conversación es una de las formas más sencillas y eficaces de interrumpir la desconexión y la reactividad. Es una estrategia para crear una mayor conexión. La pausa les permite a ambas personas tomarse un respiro y centrarse en la calidad de la conexión y en lo que más la favorecerá. En cambio, si recurres a pedir una pausa para interrumpir a la otra persona, imponer tu perspectiva, corregir su punto de vista o lo que recuerda, criticarla o argumentar un punto, se perderá la confianza y la conexión.
El primer paso para aprender a pedir una pausa es, en un momento en el que cuando las cosas van bien o cuando solo hay una pequeña desconexión, dejar claro que quieres dar prioridad a la conexión. Hazle saber a la otra persona que valoras mantener la conexión y que pedir una pausa es una de las formas que tienes de mantenerte presente contigo y con ella. Podrías explicarle qué es lo que haces internamente durante una pausa. Por ejemplo, durante una pausa podrías:
Dejar de lado el contenido de la conversación y centrarte por completo en una inhalación y una exhalación completas para ayudarte a regular tus emociones y a reducir el ritmo.
Repasar mentalmente lo que acabas de oír decir a la otra persona e intentar entender el sentido de sus palabras y lo que es importante para ella.
Intentar adivinar mentalmente y conectarte con los sentimientos y las necesidades universales de la otra persona.
Identificar cualquier señal de reactividad en ti y conectar con tu intención, tus pensamientos, tus sentimientos y tus necesidades.
Darte cuenta de cómo estás interpretando las palabras de la otra persona y pedir aclaraciones sobre la exactitud de tu interpretación.
En segundo lugar, reflexiona sobre qué podría impedirte pedir un momento de pausa cuando realmente te apoyaría. Aquí tienes algunas cosas que podrían dificultar el hacer una pausa:
Puede que la conexión te parezca frágil y quieras intentar retener a la otra persona con tus palabras.
Puede que te preocupe perder la armonía o la paz.
Quizá pienses que una respuesta rápida te da poder o una imagen de ser competente y entonces prefieres seguir adelante, imaginando que eso satisfará tu necesidad de que te vean y te escuchen.
Quizá te preocupa olvidar lo que quieres decir y perder claridad.
No te has dado cuenta a tiempo de que estás reaccionando de forma impulsiva y ya no tienes la opción de hacer una pausa.
Reflexiona sobre la última conversación en la que te hubiera gustado pedir una pausa. Fíjate si te encontraste con alguno de los obstáculos mencionados anteriormente. Acostumbrarte a reflexionar sobre los intercambios en los que se ha perdido la conexión y en los que quizá te hubieras beneficiado de un intervalo te ayudará a confiar en este recurso y acceder a la capacidad de hacer una pausa en un momento crítico.
En tercer lugar, en cualquier momento de una conversación, date permiso para volver tu atención hacia tu interior y comprobar la calidad de la conexión y la presencia. Fíjate si la calidad de la conexión es satisfactoria y agradable. Si no es así, haz una pausa. Este ir y venir entre lo que dice la otra persona y la observación de la calidad de la conexión requiere ampliar la atención más allá del contenido de la conversación. Además de centrarte en tu interior, también podrías fijarte de forma más consciente en la expresión facial y la postura corporal de la otra persona.
Por último, aprende varias formas de pedir una pausa. Aquí tienes algunos ejemplos:
“Pausa, necesito hacer una pausa.”
“Mmm, dame un minuto para absorber lo que has dicho.”
“Espera un momento, necesito un instante para asimilarlo.”
“¿Podemos retomar esto dentro de unos minutos?”
“Un momento, déjame ver si he entendido bien lo que has dicho.”
“¿Puedes hacer una pausa un momento? Estoy perdiendo el hilo de lo que estás diciendo y de verdad quiero entenderlo.”
“Me doy cuenta de que estoy hablando demasiado rápido, ¿podemos hacer una pausa un momento?”
En las relaciones íntimas, resulta práctico crear conjuntamente una señal visual fácil de utilizar y de interpretar para indicar una pausa. He aquí algunos ejemplos: cerrar los ojos, ponerse la mano sobre el corazón, ponerse la mano sobre la cabeza, levantar la mano o hacer un contacto físico suave.
PRÁCTICA
Esta semana, al final de cada día, repasa tus interacciones. Fíjate en aquellas en las que tuviste la capacidad de mantenerte consciente y en tu centro, y nota qué te ayudó a conseguirlo.
Fíjate también en aquellas en las que entraste en reactividad, no llegaste a pedir una pausa y tus gestos o acciones afectaron la conexión. ¿Qué interfirió en tu sensación de presencia y en tu capacidad para hacer una pausa y volver a conectar?